Alejandro Marquez «todo comenzó por no saber que hacer», el emprendimiento a base de la raiz de mandioca

Alejandro Marquez es un emprendedor misionero que reside en la localidad de San Vicente y convirtió su chacra con producción de mandioca para crear un emprendimiento del cual obtiene un subproducto como resultado de esa materia prima.

¨Arranqué con un negocio en la ciudad de Bernardo de Irogoyen, el cual duró poco más de ocho meses y no prosperó, entonces decidí volver a San Vicente, ya que no tenia sentido seguir ahí. Hacía poco tiempo mi familia había adquirido una chacra, la cual no contaba con absolutamente nada, me refiero a que no tenía plantaciones de ningun tipo. Al estar sin trabajo tome la desición de construir una casa en ese lugar e ir viendo que se podía hacer, ya que tenía mucho espacio y en mi cabeza muchas ideas. Primeramente, intenté criar pollos, pero no resultó, después de eso planté zapallos y ese fue el comienzo».

En ese momento la situación económica no era favorable, por tal motivo, mi padre decidió plantar mandioca. Los que nos estaba faltando era unicamente un vendedor, de esta manera comencé a ofrecer el producto a mis conocidos, luego visité los negocios y mercdos de la zona, todos los dias después de terminar con las tareas en la chacra, por la noche pelaba alrededor de 30 kg de mandioca para poder llegar con los pedidos. La demanda crecía cada vez más y más, llegué a vender 300 kg por semana, varias veces tuve que entregar mi producto llevandolo en colectivo, «consideraba importante cuplir con los clientes». Estas cuestiones me llevaron a reorganizarme, necesitaba una marca para poder darle más valor a mis productos y así nació la marca NATURAL.



Las ventas seguían aumentando tanto que ya no alcanzaban los freezers, no teniamos dónde guardar tanta mandioca, necesitabamos un equipo de frío. En ese momento y por cosas de la vida, surge la oportunidad de aquirir uno y comenzamos a comprar la materia prima a los veceinos, ya que era tanta la venta que nuestra producción no alcanzaba. También era necesario mejorar el sistema de pelado, ya que ese trabajo lo venía haciendo con mi madre a mano y demoraba mucho, se transformó en una necesidad adquirir una peladora industrial y así fue que compré la primer máquina. Gracias a esa adquisición llegamos a pelar mil kg por día, pero existía otro inconveniente, la máquina producía mucho desperdicio (más del 50%) y requería de mucho personal. A causa de esos se desperdiciaron tres mil kg de mandioca, me sentí frustrdo. Ese día observé las cosas de otra manera, esa pérdida me cambió la manera de pensar, sentí que debía aprender más sobre herramientas y máquinas industriales.

Ya estaba encaminado todo, pero tenía tan sólo una máquina y no daba para más, demandaba mucho personal y generaba mucho desperdicio. Dias después, me comuniqué con un amigo que trabaja en una cooperativa de alimentos, para preguntarle como podía aprovechar todo el «desperdicio» que generaba la peladora, SPELLER me respondió, volví a mi chacra y comencé a armar un horno de ladrillo para el secado, así fue que una vez de secar todo ese desecho, me quedó un subproducto que no conocía, tomé la desición de llevarlo a analizar, cuando estaba esperando a que me etendieran en el laboratorio, comencé a hablar con una señora que se encontraba ahí y le mostré lo que tenía, ella abrió la bolsa, tomó un poco de ese polvo, lo llevó a la boca y me dice, ¡esto es harina!. Yo no sabía que existía la harina de mandioca, ese mismo día cuando volví a casa comencé a investigar sobre el producto, en Argentina, Brasil y Paraguay se lo consume en mayor cantidad.

La harina de mandioca es un suproducto de la farofa cuya materia prima son las raices de mandioca, esto es conocido en Brasil y es un alimento muy popular, ideal para celíacos, se puede suplantar a la harina de trigo por éste al 100%. Una vez que obtuve la mayor información acerca de estos productos, empecé a armar mis propias herramientas con materiales reciclados. Durante ese tiempo llegué a dormir sólo cuatro horas diarias, estaba tan entusiasmado con mi nuevo producto que lo único que quería era armar todo y comenzar a producir, pasé casi un año y medio viendo tutoriales en YouTube, probando y testeando la maquinaria. Fue así, que culminé con el armado de todo lo que necesitaba para mi emprendimiento.

¡Más problemas!

Cada día se sumaban más preocupaciones, por lo precario que era el galpón donde trabajaba, tenía techo de lona y piso de tierra, eso era otro inconveniente que debía solucionar, fue así qué, di por casualidad con la Comisión de la ex Cooperativa cebollera de San Vicente, ellos tenían una infraestructura interesante y que para mí era importante instalarme en ese lugar, entonces después de una larga reunión dónde analizamos costos y beneficios, llegamos a un acuerdo, mi corazón saltaba de emoción, estaba tan contento porque siempre soñe con ese lugar pero nunca creí que lo iba a conseguir. Tuve tantas dificultades en todos estos tiempos, desde el primer momento, pero nunca bajé los brazos, eso para mí fue una oportunidad de aprender, cada dificultad fue un motivo para mejorar y crecer. No fué facil, pero hoy ya estoy instalado en el nuevo galpón que está ubicado sobre ruta Nº 14 en el km 65. Ya estamos ajustando las maquinas para comenzar a funcionar.

Estoy muy emocionado porque mi emprendimiento le va a dar otra opción a los productores de la zona y especialmente a los de San Vicente, dónde tambiém se van a crear nuevas fuentes de trabajo dando posibilidad de crecimiento a las familias productoras. La visión a futuro es vender a todo el pais, analizar el mercado internacional y comenzar a exportar.

Un consejo para los jóvenes emprendedores, nunca bajen los brazos, si están seguros de lo que quieren no permitan que nada los detenga. Como decimos siempre ¡Metele ficha!. Las metas tienen que ser superadas, todos pasamos por momentos dificiles pero que eso no sea una excusa que te detenga. Buscá la forma, si no funciona esa, busca otra, pero nunca te des por vencido y mucho menos escuhes a los detractores. Si uno quiere uno puede.