Se instalaron en el garaje y emprendieron un sueño familiar

Marcela Rodríguez (47) y su padre Miguel (75) se propusieron trabajar para lograr su marca propia de azúcar y otros productos derivados de la caña, como la miel.

Emprender un nuevo negocio nunca es fácil. Requiere esfuerzo, dedicación y una importante inversión. Esto se potencia cuando se trata del sector agrícola, pues los resultados tardan un poco más en verse y hay muchos factores que influyen en él, como el clima.

No obstante, estas dificultades se hacen mínimas cuando los sueños son grandes. Es el caso de la familia Rodríguez, cuyo emprendimiento agropecuario comienza a tomar forma con vistas a una salida pronta al mercado nacional, y con el objetivo de llegar con una marca propia a distintos países del mundo.



Marcela Rodríguez (47) desde hace un año trabaja en la fabricación de azúcar mascabo, miel y caramelos de caña en San Javier. Su padre Miguel (75) dedicó su vida a trabajar los cañaverales que posee la familia, pero entregando lo cosechado al ingenio local. Ahora, ellos dos – junto a Yolanda, la pareja de Miguel y un ayudante– le dan valor agregado a la materia prima, creando productos artesanales y orgánicos.

“Hace casi dos años que no puedo trabajar. En el salón de eventos no trabajo directamente y en la tienda muy poco”, manifestó.

La historia de Marcela es difícil y conmovedora. Sus tres hijos son el motor que la impulsan a seguir cada día dando lo mejor de sí. Y aunque por momentos las lágrimas asoman, la fortaleza de la mujer se hace más potente y se materializa en la pequeña empresa que montó en su propio hogar, no sin esfuerzo y constancia de todos los días.

Tras instalar el trapiche, la zaranda y los quemadores, Marcela, Yolanda y Miguel comenzaron a trabajar a la par sin descanso. Además, hace unos días contrataron a un ayudante para que les colabore con la tarea. Según señalaron, se trata de una labor sacrificada y compleja, pero que les brinda una gran satisfacción. “Nada se compara a ver y hacer todo el proceso, desde plantar la materia prima hasta tener el producto empaquetado para la venta, uno se siente muy bien con eso”, remarcó Marcela.

Al tiempo que resaltó: “Mi papá toda su vida trabajó con la caña, y hoy lo sigue haciendo.

Agregado de valor
Marcela señaló que en el taller aún falta mucha inversión, pero ya tiene todo en vista para que de a poco se pueda ir ampliando y dividiendo por sectores.

“Acá falta mucha inversión, como mínimo 5 millones de pesos para hacer todo lo que se refiere a trabajar con mi marca, porque es lo que quiero, no tercerizar. Porque le voy a vender a un tercero que va a ganar y se va a llevar todo mi sacrificio”, resaltó la emprendedora.

“El trapiche ya lo tenía hace como cinco años parado y siempre la idea era producir, porque mi papá siempre fue un productor cañero. Hablé con el ingeniero Benjamín La Rosa y le planteé la idea de arrancar con esto. Yo pensé que era algo menos costoso y no tan sacrificado, porque realmente es algo muy complicado”, determinó.

Y remarcó: “Ya estamos gestionando mi marca propia: M y C se llama. Ya tenemos la marca pero la tenemos que inscribir. Para enviar afuera tenemos que tener un montón de registros, para lo cual necesitamos, principalmente, el establecimiento en condiciones. Yo ya vi al arquitecto, que vino y diseñó, pero se necesita mucha inversión”.

Orgánico
La productora afirmó que quiere que su emprendimiento sea modelo, para lo cual también pone mucho énfasis en la sustentabilidad para lograr un producto saludable y orgánico.

Close up Sugarcane

“Nosotros hacemos la plantación de caña, y nuestros cañaverales son totalmente orgánicos porque no tienen ningún tipo de agroquímico, hasta los caminos son rozados con motoguadaña para no usar fertilizantes ni nada de esas cosas”, expresó.

Mientras que señaló: “Queremos que sea un emprendimiento modelo, este es uno de los ingenios en mejores condiciones, aunque aún le falte mucho. A nosotros nos falta mucho para llegar, pero necesitamos de capital y el gobierno no nos da nada. Es todo a pulmón”.

“Nosotros estamos al ingreso de San Javier, estamos muy visibles, la gente siempre para. Por eso queremos que sea un ejemplo, pero primero tengo que mecanizar para que rinda al 100 por ciento porque ahora estamos trabajando ni a media máquina”, aseveró.

De esta forma, la familia Rodríguez lleva adelante un trabajo constante.

Muchas de las más de 10 hectáreas de caña son convertidas luego en azúcar mascabo, miel de caña y caramelos. Además, adelantaron que están plantando frutales para hacer también dulces de cítricos.

Todo esto forma parte de un mismo sueño: que la marca sea conocida en todos lados.

“Mi sueño es exportar, es mi objetivo, por eso quiero mi marca propia y tener todo en condiciones, que mi producto se pueda ver en el mundo entero como otros productos misioneros. Si hay marcas de yerba y té que pudieron llegar a góndolas del mundo, nosotros con el azúcar que es muy nuestro de la zona también podemos, ¿por qué no?”, finalizó.

Encuentro con otros productores

Marcela Rodríguez recibió el último jueves en su casa a varios emprendedores de El Soberbio, en un intercambio que organizó el Ministerio del Agro de Misiones.

En ese encuentro, mostró la forma en que trabaja la caña, desde la plantación hasta la elaboración de los productos. Además, fue un espacio propicio para el debate y la permuta de conocimientos.

Los ingenieros y técnicos del Ministerio abordaron todas las dudas de los productores y los incentivaron a analizar cada particularidad antes de embarcarse en este tipo de producción.

Con una visita al campo, también se pudo profundizar en detalles acerca de la preparación de la tierra y los tipos de caña que convienen plantar, dependiendo la zona de la provincia en la que se vaya a cultivar.